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martes, 13 de marzo de 2012

Moonlight

Se sentó en su silla, frente a la gran ventana de la pared. Observó el mar que se extendía ante ella. Estuvo quieta un rato, solamente respirando. No supo cuántos minutos se mantuvo en esa posición, pero cuando le vino bien, cogió su pluma y su cuaderno, que descansaban sobre una mesa, a su vera, la cual estaba cubierta por un mantel de encaje. Abrió la libreta y pasó las hojas lentamente, paseando la mirada por las palabras que estaban escritas en ellas. ¿Cuántos años hacía que tenía ese cuaderno? Demasiados; se veía en cómo había estado cambiando la letra al paso del tiempo.

Al fin, llegó a una página en blanco. La última página del cuaderno. Con un suspiro, alargó la mano hasta el radiocasete que tenía en sus pies y pulsó Play. Una música invadió la habitación. Sin temblor y con determinación, posó la pluma sobre el papel, y la deslizó con armonía, escribiendo palabras con una caligrafía exquisita, al son de la canción que sus oídos escuchaban. Sonrió. Se la veía feliz y concentrada en su trabajo. Hizo una pausa para alzar la cabeza y mirar a través del cristal de la ventana, una vez más. Sonrió aún más y retomó su escritura con mayor ilusión que antes.

La sinfonía todavía no había terminado cuando la anciana cerró el cuaderno y lo dejó sobre la mesa lentamente, al igual que la pluma. Luego apoyó las manos sobre los brazos de la silla y echó la cabeza hacia atrás. Cerró los ojos e inspiró profundamente. Su mente se volcó completamente en la música, lo que le provocó una inmensa sensación de paz y armonía.

Poco a poco, la intensidad de aquella canción se fue apagando. Era como si se alejara de ella, como si alguien hubiera cogido el radiocasete y estuviera huyendo con él. Pero aquello no la asustó en absoluto. Ella se dejó llevar. Y sonrió.

La última nota de la canción marcó el final. La mano de la anciana resbaló del brazo de la silla y quedó colgando, balanceándose ligeramente de un lado a otro.


Ana C.

Reivindicante

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