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miércoles, 20 de agosto de 2014

Destino o no



Se siente como cargar un peso enorme. Intentas que no se note, pero al fin y al cabo es algo vistoso. Vas a sonreír, te dices, y vas a seguir adelante. Desde luego, no es algo tan malo. No es la primera vez ni será la última.

Tal vez esos fragmentos que se escribieron a la luz de la luna nunca lleguen a su destinatario, pero al menos siempre quedarán allí. Quizá lo único que nos queda es seguir avanzando hacia donde el caprichoso destino nos dicte. Al fin y al cabo en eso consiste la vida. Avanzar y avanzar, a veces a ciegas, y otras creyendo que sabes cómo va a terminar todo. Pero no lo sabes; nadie lo sabe. Simplemente te vas topando con gente en tu camino, como si fueras en el andén de un metro conglomerado. Ves a muchas personas; con algunas te chocas y te entretienes unos segundos, mientras que con otras pasas de largo sin apenas darte cuenta. Y tal vez allí conoces a alguien con quien salir a la luz del sol. O tal vez no. Simplemente es cuestión de viajar a través de los túneles, sin saber bien si tus pasos dependen solamente de ti o hay algo llamado destino que los maneja con sus pícaros hilos invisibles.

Destino o no. De todos modos, lo únicamente cierto es que todo es caminar y avanzar, porque el tiempo corre y nunca se detiene contigo.


Ana C.

lunes, 18 de agosto de 2014

Y sigo soñándote

2014, 31 de julio, 02:56.

Y sigo soñándote.

Yo creí que todo acabaría en cuanto dejásemos de vernos. Pero no es así. Tal vez sea porque te sigo viendo; te tengo en mi cabeza.

No he sabido exactamente por qué siento esto. Hemos hablado tan pocas veces, y para las pocas ocasiones en las que lo hemos hecho, apenas hemos intercambiado unas pocas palabras. Incluso he de reconocer que ha habido algunas veces en que te he preguntado cosas que ya sabía solo para hablar un poco más contigo.

Yo misma me frustro. No me gusta esta situación. No puedo verte, pero lo deseo; y al mismo tiempo no quiero. Porque no quiero quererte, pero te quiero más de lo que querría querer.

Sólo espero que ésto termine de alguna forma. Me es indiferente cuál, solo que termine ya esta tortura del querer y no querer querer, del necesitar tu cercanía y sentirse morir de miedo por dentro.

¿Por qué esos ojos de zafiro se incrustaron tan perfectamente en las paredes rocosas de mis más plácidas memorias?



Fragmento de Eterno Ciruelo de Ana C.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Momento cero



Me gustaría huir. Correr con el viento, lejos, bien lejos. Y no regresar más.

No estaría mal perder mis memorias. Olvidarlo todo. Quién fui, qué hice, dónde estaba mi casa, quiénes eran mis padres, a quiénes conocía... Y que todo eso ocurriese bien lejos de mi hogar, para que no pudiese volver. Y olvidaría cómo solía hablar, y olvidaría a qué parte del mundo pertenecía. Sería un cero absoluto, un volver a nacer habiéndose saltado numerosos años de la vida.

Sería un cambio en mí, lo sé, puesto que los recuerdos son los causantes de cómo somos. Pero tal vez eso estuviese bien. Entonces tal vez mejorase mi personalidad, que tantos ascos le he tenido. Quizá esta timidez se fuese con mis memorias.

Aunque lo único que pediría es que quedasen retoños de mis ideas literarias. Que todo lo que tuviese que ver con ello quedase intacto. Porque es lo único que no quiero perder.

El resto, todo. Todo.

Tal vez suene cobarde, y lo es. Lo es mucho. Pero en el fondo soy muy cobarde, más de lo que me gustaría.

No quiero recordar nada. Solo quiero perderme.

Ana C.

Reivindicante

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