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domingo, 27 de septiembre de 2015

Espera

¿Cansarme de ti? Llevo toda la vida esperándote.
Tus besos alcanzan esa perfecta armonía con los míos, como un vals al son de violines o una brisa zarandeando las hojas de los árboles en primavera. Delicados, sutiles, suaves... Llenos de ese sabor del cual tan sedienta me encuentro.
Vampira de tus labios, exploradora de tu mirada, añorante de tus brazos. Que no habrá noche sin ti como no hay mañana sin sol, porque para el corazón el tiempo es nada; para el artista, su inspiración no aborrece, y su musa siempre lo será, como el agua baña la arena de la playa.
Mas no habrá arrepentimiento, sólo espera desesperada y unos labios rosados ausentes. Sin pena, sin llanto, con el anhelo de una cercanía inexistente.
Un susurro contra mi boca y una mirada escondida; secretos que no se pronuncian pero se sienten, corazones que laten como siempre.
¿Tendrá la luna razón? ¿Valdrá la pena apetecer ese futuro encantador, mas sin pena, despacio, con locura?
¿Será esto el amor, viento oyente? ¿Este deseo de acariciar y observar en silencio? Sin pesar, sin lamentos, sólo anhelos de momentos, a la espera de ese azul cielo.

Ana C.
En Retablos

domingo, 31 de mayo de 2015

No somos valientes




No, la gran mayoría de nosotros no somos valientes. La gran mayoría de nosotros no va a hacer lo que realmente le gusta por miedo a ser juzgado. La gran mayoría de nosotros no va a decir lo que realmente piensa por temor a ser ridiculizado. La gran mayoría de nosotros no va a luchar por algo por miedo a fracasar, por miedo a hundirse, por miedo a tener que lidiar para el resto de su vida con el dolor de no haber alcanzado su deseo.

Pero, ¿es culpa nuestra? ¿O son los demás quienes nos presionan? Esa es una dura cuestión cuando te la planteas. Tal vez, si lo miras bien, nuestro dolor puede depender del exterior. Ya no solo de la sociedad en la que nos encontramos, si no que con una sola persona nos vale para sentir dolor. Dolor a un rechazo, dolor a un juicio, dolor a un pensamiento que no podemos leer. Y por eso no nos lanzamos. No somos valientes.

Pero, al fin y al cabo, la sociedad no sólo es el exterior. Nosotros también formamos parte de ella. Nosotros también somos un ladrillo de su fachada. Y parece que muy poca gente se da cuenta de ello. Parece que eso de la "sociedad" es completamente ajeno a su yo.

Por ello, si no se quiere ser juzgado, si no se quiere ser intimidado, si no se quiere ser dañado, no lo hagamos. Porque con solo tirar una ficha de dominó, el resto de fichas puestas en fila empiezan a caer sin que se pueda evitar.

Seamos un poco más valientes. Aprendamos a ser nosotros mismos y, al mismo tiempo, dejemos que el resto de personas se exprese. Porque no es algo de una sola persona. Nosotros somos todos. Lancémonos a nuestra aventura y permitamos que los demás puedan dejar fluir su interior sin sufrir un intenso dolor.

Ana C.

domingo, 10 de mayo de 2015

Capricho y casualidad



El capricho de la casualidad. Una hoja abandona el árbol donde creció y el viento  la arrastra hasta un riachuelo, donde la corriente se la lleva lejos. Eso, eso es una casualidad. Porque esa hoja no debería estar donde la lleve. Esa hoja no debería haber ido más allá.

Cómo es la vida. Tan caprichosa, tan inesperada, tan impactante. Nunca sabes lo que te va a tocar, ni lo que va a venir. Tampoco sabes cómo vas a actuar porque, al fin y al cabo, cada día que vivimos nos cambia algo de nuestra propia personalidad. Nos formamos hasta el día que morimos. Es inevitable.

Y tal vez aquella tempestad que un tiempo viviste reine en ti por el resto de tu existencia.

Quién sabe. Es cierto, no se sabe. No podemos tener certeza de que no vamos a caer por equivocación o casualidad en un riachuelo que nos arrastre hasta un lugar mucho más lejano de lo que nuestra mente alcanzaba antes.

Ana C.

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Adónde vamos?

A veces me pregunto adónde nos llevará todo esto. A veces imagino cómo será nuestra vida en este mismo instante un año más tarde. ¿Pero, sabes? Las cosas pueden cambiar de una forma que no hubieses imaginado jamás. Y ahora me doy cuenta, cuando miro atrás en el tiempo.
Con el paso de los años, uno va entendiendo las cosas. Y va sabiendo quién es y adónde pertenece. Tal vez no con la exactitud de un arquitecto, pero sí con la esencia de un sentimiento. Quizá no encuentre su lugar, pero su interior le dirá cuál es.
He recorrido sin descanso el Andén. Y aún así sé que todavía me quedan muchos pasadizos por recorrer, muchos trenes que tomar. Hace un tiempo creía que podía intuir hacia dónde me dirigía. Ahora no lo tengo claro.
Personas que fueron, desaparecieron. Personas que no fueron, reaparecen.
¿Y quién nos puede guardar de las inmensas desgracias y felicidades que nos aguardan? Por suerte, nadie. Todo cose su trozo en nuestro yo. Todo nos construye. Nada es bueno o malo; todo depende del uso que le demos a lo adquirido.

Ana C.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Destino o no



Se siente como cargar un peso enorme. Intentas que no se note, pero al fin y al cabo es algo vistoso. Vas a sonreír, te dices, y vas a seguir adelante. Desde luego, no es algo tan malo. No es la primera vez ni será la última.

Tal vez esos fragmentos que se escribieron a la luz de la luna nunca lleguen a su destinatario, pero al menos siempre quedarán allí. Quizá lo único que nos queda es seguir avanzando hacia donde el caprichoso destino nos dicte. Al fin y al cabo en eso consiste la vida. Avanzar y avanzar, a veces a ciegas, y otras creyendo que sabes cómo va a terminar todo. Pero no lo sabes; nadie lo sabe. Simplemente te vas topando con gente en tu camino, como si fueras en el andén de un metro conglomerado. Ves a muchas personas; con algunas te chocas y te entretienes unos segundos, mientras que con otras pasas de largo sin apenas darte cuenta. Y tal vez allí conoces a alguien con quien salir a la luz del sol. O tal vez no. Simplemente es cuestión de viajar a través de los túneles, sin saber bien si tus pasos dependen solamente de ti o hay algo llamado destino que los maneja con sus pícaros hilos invisibles.

Destino o no. De todos modos, lo únicamente cierto es que todo es caminar y avanzar, porque el tiempo corre y nunca se detiene contigo.


Ana C.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Momento cero



Me gustaría huir. Correr con el viento, lejos, bien lejos. Y no regresar más.

No estaría mal perder mis memorias. Olvidarlo todo. Quién fui, qué hice, dónde estaba mi casa, quiénes eran mis padres, a quiénes conocía... Y que todo eso ocurriese bien lejos de mi hogar, para que no pudiese volver. Y olvidaría cómo solía hablar, y olvidaría a qué parte del mundo pertenecía. Sería un cero absoluto, un volver a nacer habiéndose saltado numerosos años de la vida.

Sería un cambio en mí, lo sé, puesto que los recuerdos son los causantes de cómo somos. Pero tal vez eso estuviese bien. Entonces tal vez mejorase mi personalidad, que tantos ascos le he tenido. Quizá esta timidez se fuese con mis memorias.

Aunque lo único que pediría es que quedasen retoños de mis ideas literarias. Que todo lo que tuviese que ver con ello quedase intacto. Porque es lo único que no quiero perder.

El resto, todo. Todo.

Tal vez suene cobarde, y lo es. Lo es mucho. Pero en el fondo soy muy cobarde, más de lo que me gustaría.

No quiero recordar nada. Solo quiero perderme.

Ana C.

domingo, 22 de junio de 2014

La gente

La gente es horrible. Realmente horrible.

Te aspiran el alma hasta dejarte sin ella, y luego, como un recipiente vacío que eres, lo llenan con lo que quieren. Y te sientes extraño, porque en el fondo notas que ese no eras tú.

Te consumen la vida y la ilusión, para crecer así sin entusiasmo. Para que no seas todo lo que puedes llegar a ser. Te lo quitan todo poco a poco. Si tienes algo de lo que enorgullecerte, te lo deboran, como pequeñas pirañas que mordisquean un cadáver en el agua. Así es. Primero te vacían de vida y luego consumen lo que queda.

¿Por qué ha de ser todo así? ¿No hay otra opción? ¿No podríamos crecer haciendo más grande lo que somos?
Pero es cierto. El problema reside ahí. Si crecemos hacia lo alto, la gente te desprecia, te tiene celos tal vez.

No pido un mundo perfecto, solo un mundo donde todos puedan ser todo lo que deseen ser.



Ana C.

viernes, 6 de junio de 2014

Un ángel

Imagínate, por un momento, que ves a un ángel. Imagínatelo como más prefieras.
¿Qué aspecto tendría? ¿Sería hombre o mujer? ¿Alto o más bien bajo? ¿Su cabello tendría caprichosos rizos dorados, o tal vez una larga y lacia cascada negra cual pluma de cuervo? ¿Cómo sería? ¿Su rostro sería delicado y su piel blanca como la porcelana, o sus facciones serían tan bruscas que creerías que podrías escalar en ellas agarrándote a los huecos de sus mandíbulas? Sus ojos, ¿serían azules, dorados, negros? Y qué habría de sus alas, ¿blancas, negras, plateadas?
En definitiva, ¿cómo lo ves?
Hablemos de su personalidad. ¿Sería alguien bueno o alguien malévolo? ¿Socorrería, incordiaría o sería completamente indiferente ante todo? ¿Frío o cálido? O bipolar, ¿por qué no? Tal vez fuese un falso. O quizá simplemente inseguro. También podría ser que se tratase del ser más seguro de sí mismo en toda la existencia angélica.
Es decir, ¿cómo lo sientes?
El caso es... ¿qué haría luego el ángel? ¿Te miraría con sus bellos e impactantes ojos, o acaso los tendría cerrados? ¿Te hablaría? ¿Y cómo sería su voz si lo hiciese? ¿Musical, dulce, áspera, grave, aguda?
Osea, ¿cómo reaccionaría?
Entonces, ¿qué harías tú si te encontrases a esa figura ante ti? ¿Serías capaz de hablar con la imagen que tú mismo has creado, es decir, con tu mismo yo, único e inigualable? Porque, con toda probabilidad, tu ángel sería completamente distinto al mío. Quizá el mío tuviese la piel azul. ¿Y por qué no son ambos ángeles idénticos si ambos somos "personas"?
Si cada uno es distinto... ¿por qué nos llaman a todos "personas"? Como si fuésemos iguales, como si perteneciésemos a una especie de secta. 

Si cada uno es distinto... ¿por qué nos etiquetan como una sola cosa en conjunto?



Ana C.

miércoles, 9 de abril de 2014

El único



Eres el único que tiene conocimiento de su historia completa, o casi completa. Eres el único que sabes en lo que has fallado, aunque quizá en el fondo lo ocultes; pero lo sabes. Eres el único que es consciente de tus mayores logros, y por dentro te aplaudes por ello; y a veces por fuera. Eres el único que sabe cuál es el presente que está formado a tu alrededor y las circunstancias de los actos que has realizado. Eres el único que puede criticarte por todos tus errores.

Eres el único que te conoce por completo. El único que sabe quién eres. El único que es consciente de que cada cosa que haces lo haces por una razón.

Si eres el único de todo eso... ¿por qué tanta importancia a lo que digan los demás? ¿Por qué se preocupa uno cuando, a más o a menos, lo que digan los demás sobre ti probablemente sea mentira, pues tú eres el único que te conoces de verdad? Aunque haya confusiones a veces, aunque te sientas perdido en ocasiones, siempre vas a saber quién eres.

Entonces... ¿por qué...?


Ana C.

sábado, 22 de marzo de 2014

El paso del tiempo


Y de repente te das cuenta de que sí, de que el tiempo pasa. De que aquello que creíamos tan arduo, tan permanente, tan marcado, acaba siendo polvo y recuerdos. Porque eso es lo que queda. Porque creías que jamás se superaría; pero de repente ocurre. Y te sorprendes cuando te das cuenta de que se ha ido, de que ya no es lo mismo, de que eres otra persona.

Nada es para siempre. Ninguno de los problemas que se pueda tener permanece eternamente. Por muy largo que sea el camino, por muy difícil que se presente la situación, el tiempo sigue corriendo. Y llegará un día en el que todo habrá pasado, en que abandonaremos esa estación y seguiremos viajando en el tren de nuestra vida. Porque es así, y así ha de ser. Habrá personas que se quedarán y otras que simplemente formarán parte de tu nuevo yo de una forma invisible, interna, sin forma física. Pero todo va a seguir avanzando; tan solo quizá cambie la forma de ver las cosas.


Ana C.

viernes, 21 de febrero de 2014

Cara o cruz

Una vez me dijeron que para decidir algo con lo que no me ponía de acuerdo tirase una moneda. Y en cuanto la moneda cayese, antes de mirarla, lo que desease en ese momento que saliese sería lo que querría.
Porque no hay decisiones difíciles, solo existen esos algos que nos echan atrás. Porque si nos preocupamos por qué dirán los demás, no sacaremos nada bueno.
No hay decisiones correctas o incorrectas; solo caminos, y nosotros elegimos por cuál ir.

Ana C.

¿Eres libre?

¿Eres libre? ¿Haces lo que realmente quieres? ¿Puedes desplegar tus alas sin miedo, sin temores, sin esconderte? Si es así, hazlo. Muestra quién eres al mundo, y que nadie te lo impida. Porque cada uno es como es, y  no debes privarte de la satisfacción de ser tú, de seguir adelante siendo tú y solamente tú. Porque puede haber gente que te retraiga, que te lo impida. Y eso es lo peor. Porque cada uno es como es, cada uno es único, la belleza del mundo está en la variedad. Y la gente debería aceptarlos a todos por cómo son y dejan de ser.
Manos arriba por aquellos que han conseguido desplegar sus alas de verdad.



Ana C.

domingo, 9 de febrero de 2014

Un hogar para el mundo



Donde no exista la codicia, donde no conviva el egoismo, donde todos puedan ser como son; donde no haya falsedad. Ir al lugar donde uno pueda ser libre y no tenga razones para temer a nadie. Donde no exista el miedo, ni el terror, ni la ansiedad. Un lugar tranquilo. Un lugar pacífico. Un dulce hogar para el mundo, donde todos convivan en armonía. Y en paz.

¿Tan difícil será detener a aquellos que se aprovechan del sufrimiento de los demás para beneficio propio o simplemente por gusto? ¿Tan difícil será conseguir convivir todos sin problemas? ¿Tan difícil será?


Ana C.

viernes, 7 de febrero de 2014

Lo que perdemos...





Este planeta es demasiado bello. En cada rincón podemos encontrar algo que estremezca nuestra alma. Los colores son vivos, los aromas se entremezclan con las texturas... Y todo ello lo estamos echando a perder. Todos los humanos no, cierto, pero la gran mayoría sí. Porque el alma humana es destructora. Hay quien sabe controlarse, quien encuentra el equilibrio (o el amor) y aprende a cuidar su alrededor. Pero hay de otros que se dedican a herir sin cesar. Y no me refiero sólo al medio físico, si no también psicológico. Porque a veces son tan extremadamente destructores, que hieren la mente de otras personas como ellos. No, mentira. Como ellos no. Ellos son peores.

Cuánta maldad... Cuánta codicia... Cuánta insensibilidad... Cuánta destrucción...

Lo que perdemos...
ya no lo podremos recuperar nunca más, ¿sabéis?

(10/01/12)
Ana C.

sábado, 30 de marzo de 2013

Equilibrio



El color negro necesita al blanco para decir que es oscuro.
Lo blando necesita a lo duro para decir que es cómodo.
El hedor necesita al buen aroma para hacernos hacer una mueca de disgusto.
El mundo necesita a gente mala para que la gente buena pueda diferenciarse. Sin gente malvada, no habría héroes que pudiesen vencerlos. Sin gente egoísta, no habría generosos que ayudasen a los más necesitados. Sin gente con el vicio de hundir a los demás no habría gente que desarrollase esa capacidad de calmar a los más débiles de mente.
Todo necesita a su contrario. Todo necesita un equilibrio. Hasta que la humanidad entera no consiga establecer dicho equilibrio en el interior de cada uno, tendrá que haber de todo. Por desgracia.

Ana C.

martes, 4 de septiembre de 2012

El camino de la vida



La vida es un camino que se recorre poco a poco. Y como todo camino, tiene sus obstáculos. Incontables personas, situaciones, hechos y demás intentarán que no sigas avanzando, que no llegues al final. Pero tú debes empujarlos fuera, con fuerza y determinación, y luego poner un pie delante de otro consecutivamente, para conseguir llegar a la luz que es el final, a tu meta, a tu sueño.

Lucha por lo que quieres. Lucha por lo que te gusta. Lucha por ti mismo. Y, sobretodo, sé feliz.

Ana C.

martes, 7 de agosto de 2012

Aún podemos hacer algo


Llega un momento en el que te das cuenta de la sociedad en que vivimos. De la esclavitud a la que te ves sometido involuntariamente. Empiezas a ver todo con otros ojos, y te percatas de cuánta gente vive en una mentira constante. En un mundo de falsedad. En un mundo que ellos dicen "la realidad". Oh, ¿por qué no abren los ojos y se dan cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor?

Gente inocente paga por hechos injustamente. La desesperación se apodera del mundo. No nos aguarda nada bueno, la verdad.

Temo que la tan famosa Apocalipsis llegue y que los humanos no se hayan dado cuenta todavía de que no se originará con terribles catástrofes naturales. Si no con el sufrimiento humano.

Esto ya ha empezado, pero todavía queda una cosa que podemos hacer.

Ana C.

Reivindicante

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