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sábado, 1 de febrero de 2014

Adiós

No voy a fingir que no se echa de menos a las personas que han ocupado un hueco en tu vida. Se las echa de menos. Tanto buenos como malos momentos, todos han formado parte de tus recuerdos. Y quieras o no, te han marcado.

Pero creo que todo tiene un límite. Que llega un momento en el que debes aprender a decir adiós. Un momento en el que, por mucho que lo intentes, no lograrás que todo sea normal, que todo transcurra entre él y tú como si nada hubiese pasado. Creo que hay algo sobrehumano que impide que eso ocurra. Y por eso lo mejor es decir adiós.

¿Doloroso? Lo fue. De verdad que lo fue. Y a veces sigue punzando.

¿Valdrá la pena? Algún día sí.

Nunca se sabrá si tardaste más tiempo del que debías en hacerlo. Después de lo de hoy te has replanteado nuevamente que quizá no vuelvas a saber nada más. Pero a lo mejor eso es bueno. A lo mejor era lo que debía ocurrir. Un tú, un él. Un adiós, un hasta nunca, o un hasta que algún día nos encontremos por la calle y no nos reconozcamos. Porque un año es un plazo más que suficiente para dejar solucionar los errores. Porque todo tiene un nivel del que no te puedes sobrepasar.

No es una acusación. En el fondo, hiciste grandes actos que enseñaron más que los docentes. Pero, tal y como evolucionaron las cosas, esto debía ocurrir. Porque no creo que nadie pueda seguir formando parte de algo así tanto tiempo.

Adiós.


Fragmento de Eterno ciruelo, de Ana C.

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